El invitado

18 de diciembre 2013

"Carolina del Norte es la pesadilla del nutricionista"

Carla Zaplana, health coach

Carla Zaplana es graduada en Dietética y Nutrición Humana por la Universidad Ramon Llull, Blanquerna, de Barcelona. Pero contar calorías no era su ideal y, por eso, se certificó como coach de salud por el Institute of Integrative Nutrition en Nueva York, en el que tratan la nutrición desde una perspectiva holística, es decir, con la filosofía de que no solo nos nutren los alimentos sino las relaciones personales, la carrera profesional, la espiritualidad…Zaplana cuenta que en la universidad, durante los cuatro cursos, solo trataron el vegetarianismo en una o dos clases. Toda una declaración de intenciones que no va para nada con los estudios y los médicos que, cada vez más, certifican que una dieta con una tendencia vegetariana notable es mucho más saludable y preventiva

-¿Qué divulga sobre alimentación el Institute of Integrative Nutrition?
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Carla en el mercado Hillcrest Farmer’s Market de San Diego

Allí aprendí más de cien teorías dietéticas y filosofías diferentes (macrobiótica, raw, vegeterianismo, veganismo, prolácticos, dieta paleo, Atkins, dieta Zone,…) y técnicas de coaching y crecimiento personal por parte de profesionales de la nutrición y bienestar como el Dr. Andrew Weil, director del Centro de Medicina Integrativa en Arizona; el Dr. Deepak Chopra, líder en el campo de la medicina cuerpo-mente; el Dr. David Katzand, director del Centro de Investigación para la Prevención de la Universidad de Yale; el Dr. Walter Willett, presidente del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard, entre muchos otros. Además, también te enseñan cómo montar tu propio negocio y estrategias de marketing. Una vez titulada, he estado tres años en Estados Unidos, me he dedicado íntegramente a seguir formándome. He asistido a decenas de seminarios sobre alimentación vegana, vegetariana y raw food (California).

-¿Cómo llegaste? ¿Alguna dolencia personal?

Desde pequeña que me fascinan la fruta y sus colores. Recuerdo haber tenido empachos de fruta muchas veces cogiendo cerezas o melocotones directamente del huerto de mi abuelo… Recuerdo también que hacía retales de fotos de frutas y verduras de las revistas para hacer collages y colgarlos en la pared de la habitación. En mi casa había una colección de libros sobre alimentos, que yo hojeaba a menudo, que contaban las mil maravillas y beneficios de las frutas en el cuerpo humano, y eso me llamó mucho la atención. Cómo es que una simple fruta puede tener tanto poder, me preguntaba. Debía tener ocho años. En la adolescencia, y coincidiendo con una situación muy inestable emocionalmente en casa, desarrollé una relación conflictiva con la comida. Después todo se fue poniendo en su sitio. La adolescencia es muy dura. Aunque me preparé para hacer ADE, finalmente sentí que mi camino no era ese. Durante los años en la universidad fui introduciendo algunos cambios en mi alimentación con tendencias vegetarianas, sustituí la leche de vaca por bebidas vegetales, empecé a comer tofu y cada noche me preparaba una ensalada impresionante.

Un mes después de graduarme como nutricionista hice las maletas para emprender un nuevo camino: me fui a vivir a Estados Unidos con mi marido. El primer lugar en el que aterrizamos fue Carolina del Norte, la América profunda o la “pesadilla” de una nutricionista. Recuerdo que el primer fin de semana de estar allí, hacían la feria estatal con puestos y puestos de comida basura (galletas industriales, barras de mantequilla rebozadas y fritas, hamburguesas con queso con donuts en vez de pan, muslos de pavo a la barbacoa enormes, estilo los Picapiedra…). Fue un: ¡Welcome to America! La obesidad en esta parte del país norteamericano es desorbitante. Nunca he visto casos tan extremos.

“Aquí los productos químicos utilizados en el cultivo de los vegetales y para engorde de los animales muchas veces no pasan los controles”.

En los supermercados, a menudo hay hombres y mujeres con motos eléctricas porque no pueden ni andar. La gente, en general, tiene cara de enferma; y no me extraña. Hay restaurantes de comida rápida cada dos pasos y no tienen aceras. Parece absurdo, pero eso hace que la gente se mueva en coche por todo. Otra cosa que me chocó del nuevo país son los pasillos llenos de medicamentos que hay en los supermercados. No hay que ir a la farmacia para conseguir los medicamentos más ordinarios, y eso fomenta la automedicación y la sobremedicación. Vivir allí y alimentarte bien tampoco es fácil. Además, me tuve que adaptar a las nuevas costumbres y horarios, ya que comen a las once y media y cenan a las seis. Gané peso y me salió acné, ¡que no había tenido nunca en la vida! Aquí fue cuando empecé a investigar más sobre los productos y alimentos de Estados Unidos y la verdad es que hay para asustarse. La industria alimentaria no está tan regulada como en los países europeos. Aquí los productos químicos utilizados en el cultivo de los vegetales y para engorde de los animales muchas veces no pasan los controles. Cambié el chip a la hora de hacer la compra, pasé de mirarme el bolsillo a mirar la calidad de los productos y comprar, tanto como podía, productos orgánicos. También opté por dejar de comer productos de origen animal. El cambio no me supuso ningún esfuerzo y de forma natural y gradual cada vez iba disfrutando más de mi dieta a base de alimentos de origen vegetal y vi como el cuerpo se desinflaba y la cara volvía a estar suave y limpia, sin granos.

-Ahora, en California, ya pasas consulta y eres coach...

Sí. Durante mi estancia en Carolina del Norte, estaba tramitando los papeles para mi residencia en EEUU, así que no pude trabajar, pero aproveché el tiempo haciendo voluntariado en todas partes. Entre otros, me involucré con dos clínicas comunitarias para gente indocumentada y/o sin seguro médico en las que pasaba consulta de nutrición a los pacientes que me transferían los doctores y organizaba charlas de nutrición sobre la diabetes, hipertensión y para perder peso. También formé parte del equipo de monitores de una asociación del YMCA, que hacía actividades extraescolares para niños y adolescentes de padres indocumentados, mayoritariamente latinos, y preparaba talleres de nutrición y clases de yoga para los más pequeños. Finalmente, este pasado mes de mayo, y coincidiendo con la obtención de mi residencia, nos trasladamos a San Diego. La costa oeste de los Estados Unidos, y sobre todo California, es la cuna de la nutrición, donde se inician todas las tendencias de la alimentación saludable. ¡Imagínate! Ha sido un giro de 360º, a nivel personal y profesional. La gente tiene una mentalidad mucho más abierta, tiene mucha conciencia de salud y hay, como sabéis, mucho culto al cuerpo. Actualmente estoy trabajando como nutricionista y coach de salud de forma autónoma, me encuentro con los clientes de manera presencial o por Skype, organizo programas detox en grupos presenciales y en línea, y doy charlas sobre nutrición y bienestar en centros educativos y en empresas privadas.

-Tienes una clara tendencia raw y ya has empezado a escribir para Soycomocomo artículos como el de los zumos verdes, que fue todo un éxito. ¿Cómo y cuándo descubres la comida cruda?

La descubro en una estancia en casa una par de amigos a Boston, antes de estudiar en el Institute. La chica tenía un grado muy severo de colon irritable, entre otros problemas de salud, y el chico también estaba dispuesto a cambiar la dieta. Así que, paso a paso y de forma conjunta, fuimos investigando la manera de curar el colon irritable con la nutrición y aquí es cuando descubrí por primera vez el concepto de raw food. A lo largo de dos meses fui cambiando su despensa y cesta de la compra y a día de hoy Cristina está encantadísima con el cambio, y después de tantos años de sufrimiento y molestias, me dice que nunca se ha encontrado tan bien ni con tanta energía como ahora. Mani, su pareja, me comenta que se siente más joven que nunca.

-¿Qué trascendencia tienen los zumos verdes en tu concepto de alimentación? ¿No nos estamos pasando y es una moda?

Hace más de un año que tomo zumos verdes diariamente y es lo mejor que he incorporado nunca en la dieta. Tomo cada mañana para desayunar y debo decir que me entonan el día. ¿Qué mejor manera hay de empezar la jornada que no sea con un buen chute de energía? Quizá sí que es una moda, pero ojalá todas las modas fuesen tan buenas como esta. Los zumos verdes nos aportan muchos micronutrientes que mucha gente necesita porque hace dietas muy precarias. El hábito de tomar un zumo vegetal te asegura muchas vitaminas y minerales esenciales de una forma mucho más saludable que tomarse un suplemento multivitamínico.

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Frutas, verduras y hortalizas reivindican un espacio en la dieta americana

-Estos días también has publicado con nosotros un artículo sobre la kale. ¿Qué os pasa con esta col en Estados Unidos?

La kale… ¡Ja, ja, ja! Nunca había oído hablar de ella hasta que llegué aquí. Pero realmente tiene un valor nutricional muy elevado, entendiendo valor nutricional como la cantidad de micronutrientes por kilocaloría de alimento. Una taza de kale troceada tiene más vitamina C que una naranja, 100 g de kale contienen más calcio que 100 g de leche, contiene omega-3, es muy rica en antioxidantes (el color verde tan fuerte nos lo indica), tiene mucho hierro, tiene propiedades antiinflamatorias y un efecto depurativo. Yo pongo cada día en el zumo verde o en la ensalada.

-¿Qué pasa con los estómagos débiles y el crudo, que los perjudica?

La primera cosa es tratar este estómago débil y lo haremos eliminando los azúcares refinados, el gluten y los lácteos de la dieta e introduciendo los zumos verdes bien licuados (colaremos el zumo para asegurarnos que no tiene fibra). Tomaremos probióticos en forma de alimentos fermentados como el sauerkrout, pickles, kambucha y kimchi, y ayudaremos al proceso de digestión tomando enzimas digestivas, de esta forma no forzamos tanto al estómago ni intestinos, que “se pueden dedicar” a sanarse.

El que no esté habituado a comer crudo, y sobre todo el que tenga un estómago débil, debe hacer una introducción de forma progresiva, ya que el cuerpo se debe ir acostumbrando a “gestionar” toda esta fibra. Es mejor empezar incorporando crudo en el desayuno, después en la comida y finalmente en la cena. Al final del día, el sistema digestivo está más dormido, no trabaja al 100%, y puede ser que nos cueste más digerir lo crudo. De todas formas, a mí, muchas veces me apetece comer alguna cosa caliente, sobre todo ahora en invierno. Las verduras al horno o las cremas de verduras me encantan. Además, también consumo cereal como quinoa, mijo, kamut o arroz integral; y eso casi siempre lo cocino (aunque también se puede germinar). Y tomo te e infusiones a menudo. Lo que es importante es comer de temporada. La naturaleza es muy sabia y en cada estación del año nos proporciona lo que el cuerpo necesita. En invierno los vegetales que tenemos más al alcance son las raíces como la remolacha, el boniato, la patata y otros vegetales como la calabaza; todos contienen almidón y por lo tanto aportan más calorías. Calorías viene de calor, es decir, cuanto más calorías ingerimos, más energía deberá utilizar el cuerpo para digerir estos alimentos y más subirá la temperatura corporal. Cuando estamos en un clima frío, el cuerpo empieza a temblar, a moverse para quemar calorías y a subir la temperatura interna… También es temporada de alimentos con alto contenido con vitamina C, que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y a aclimatarse mejor a las temperaturas más bajas. Encontramos las naranjas, limones, kiwis, pomelo y ¡kale! Aparte, también podemos utilizar alimentos y especies con un efecto termogénico, como la canela, nuez moscada, pimienta de Cayena, el jengibre, el ajo y la pimienta negra para mantener la sensación de calor. Y por cierto, el objetivo de comer raw es mantener el máximo contenido de micronutrientes (vitaminas, minerales y enzimas activas) en la comida, que, aún siendo muy sensibles a la temperatura, la gran mayoría resisten hasta 45ºC, así que saquémonos la idea de la cabeza que comer raw es comer las cosas frías, sacadas del frigorífico.

-¿Qué promueves de ti misma para ayudar a la gente?
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Los arándanos son una de las frutas más recurrentes en los mercados americanos

Mira, hace poco que voy a un acupuntor. Quería hacerme una revisión general, ya que desde que vivo en EEUU no había ido al médico y mi alimentación ha cambiado mucho. El doctor me dijo que tenía todos los órganos muy fuertes y que se encontraba con muchos pocos casos como el mío. He solucionado mi problema de acné, tengo la piel más suave, el pelo más fuerte y brillante y el peso estable. Pero no solo he experimentado mejora física sino que ahora me siento con más claridad mental, con más creatividad que nunca y me lo tomo todo con mucho de optimismo. Estoy muy agradecida por todo lo que me rodea y me siento mucho más conectada con mí misma. Te cuento mi caso porque quiero hacer ver a la gente que su objetivo de salud principal debe ser quererse, aceptarse y cuidarse. Lo más importante es saber escuchar las necesidades de tu todo –cuerpo, mente y espíritu– y procurar complacerlas sin hacer daño a nadie. Aunque pueda parecer una tarea difícil, lo veo así de simple. Una mente retorcida dentro de una sociedad estresante solo pone carga a nuestra conciencia y impedimentos para crecer y sanarse.

-¿Perder kilos con una dieta desintoxicante, es posible?

Sí, una dieta detox nos ayuda a deshacernos de los residuos tóxicos acumulados en el cuerpo que, en el día a día, el hígado y riñones no pueden eliminar con su proceso natural de depuración. El cuerpo, para defenderse del efecto nocivo de las toxinas, las almacena con la grasa en zonas apartadas de los órganos vitales (corazón, pulmones, hígado, riñones); es por eso por lo que habitualmente encontramos cúmulos de grasa en papada, antebrazo, caderas y muslos. Una vez eliminamos las toxinas es más fácil deshacernos de la grasa. Si seguimos teniendo toxinas, el cuerpo pondrá resistencia a perder grasa, ya que es el mecanismo que tiene para defenderse. Además, los residuos tóxicos provocan un efecto ácido en el cuerpo que se ve traducido, entre otros síntomas, en una inflamación general: te sientes hinchado. En un estado de inflamación, perder peso es mucho más difícil. Dependiendo del grado de toxicidad acumulada y también del grado de sobrepeso, se perderán más o menos kilos durante una dieta detox. Una persona delgaducha de constitución quizá pierde un kilo con quince días de detox, y una persona con problemas de sobrepeso puede llegar a perder más de cinco.

-¿Qué hace bien el ciudadano americano en cuanto a alimentación saludable? ¿Qué debemos aprender de él?

Lo que me gusta mucho, y finalmente he logrado seguir yo también, es la costumbre de hacer las comidas tan pronto. Más tarde de las seis o siete de la tarde, el cuerpo deja de funcionar, ya está más en modo reposo, le cuesta más digerir y ya quiere iniciar el proceso natural de desintoxicación. Si no se hace una buena digestión y quedan productos a medio digerir, pueden fermentar –el caso de los azúcares–, o pudrirse –caso de la proteína animal– y causar un efecto tóxico en el cuerpo. Por lo tanto, esta costumbre que tenemos en Cataluña de cenar tan tarde no es nada buena.

Núria Coll

Núria Coll
Directora de soycomocomo.es
ncoll@soycomocomo.es

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