El invitado

12 de abril 2015

"¿Por qué no se han estudiado las enfermedades autoinmunes de causas ambientales que, además, afectan más a las mujeres?"

Doctora Carme Valls, endocrinóloga y especialista en salud femenina

De trato agradable, convencimiento firme y con un amor por la medicina, su trabajo y la defensa de los derechos de la mujer, Carme Valls nos recibe en su despacho de la calle Bailén, 21, en Barcelona. Famosa por su visión crítica sobre la vacuna del virus del papiloma humano, nos cuenta sus pros y contras.

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Valls ha escrito los libros Mujeres invisibles (Debolsillo, 2006), Mujeres, salud y poder (Ed. Cátedra, 2009), Mujeres y hombres: salud y diferencias y Ejercicio y salud.

Miembro de la ONG Centro de Análisis y Programas Sanitarios -–que investiga las diferencias de género en el campo de la salud–, Valls se ha implicado también activamente en política como diputada en el Parlamento de Catalunya por el PSC-Ciudadanos por el Cambio en las elecciones al Parlamento de Catalunya de 1999 y 2003. También ha sido presidenta de la fundación Catalunya Segle XXI. Conversamos con ella sobre salud femenina y nutrición.

En el libro Mujeres, salud y poder, afirma que la medicina castiga el cuerpo de la mujer. ¿De qué manera?

La hace invisible, porque no tiene en cuenta las diferencias con el cuerpo del hombre a la hora de enfermar. Además diagnostica sus problemas de salud como si siempre fuesen psiquiátricos: receta ansiolíticos y antidepresivos tanto para el dolor como para el cansancio. La separación del cuerpo y la mente –con prioridad al primero– ha considerado patológica cualquier manifestación de los síntomas del cuerpo y se han medicalizado cosas naturales como la menstruación o la menopausia. ¡Ser mujer no es ninguna enfermedad!

¿Qué consecuencias ha tenido esta perspectiva?

El malestar de la mujer fruto de una sobrecarga laboral y doméstica se ha querido reducir a síntomas de ansiedad y depresión sin considerar los efectos que el estrés físico y mental causan en el cuerpo humano. La medicina androcéntrica no ha tenido en cuenta estos factores, y ha hecho que la salud de las mujeres sea aún invisible para la medicina. ¿Por qué el 85% de los psicofármacos (ansiolíticos y antidepresivos) que se recetan en España se administran a mujeres? ¿Por qué se invisibiliza la menstruación y se recetan anticonceptivos hormonales para cualquier irregularidad o dolor menstrual, que esconden cualquier problema y bloquean este fenómeno fisiológico natural que es la regla? ¿Por qué no se advierte lo suficiente de los efectos secundarios de los anticonceptivos hormonales? ¿Por qué se medicaliza y se interviene tanto en los partos “normales”, tal y como los califica la OMS? ¿Por qué no se han estudiado las enfermedades autoinmunes de causas ambientales que, además, afectan más a las mujeres? ¿Por qué cuando una mujer tiene una enfermedad coronaria, se cree que no debe ser tan grave como en el caso de un hombre? ¿Por qué solo el 38% de las investigaciones médicas incluyen a mujeres?

Hay mucho trabajo por hacer, pues...

¡Exacto! Pero cada vez se está trabajando en una investigación diferencial y específica que ayude a comprender mejor la realidad del cuerpo y la mente de la mujer. Hay que profundizar en las causas y los porqués de las enfermedades. Quizá detrás de un cansancio crónico hay problemas biológicos, o situaciones de estrés, o bien discriminación social que ha provocado situaciones de angustia. Es un error tratar cualquier síntoma de una mujer con psicofármacos, y aquí incluyo los de fibromialgia. En lugar de buscar un diagnóstico que busque las causas del dolor, se reduce todo a recetar sedantes y antidepresivos o derivados de morfina. Eso en lugar de ayudar a los pacientes, crea personas dependientes.

“La mortalidad posinfarto es de un 66% en las mujeres respecto al 33% en los hombres”

 

¿Qué ha descubierto, hasta ahora, la medicina de género?

Se ha publicado, por ejemplo, que los infartos de miocardio son más mortales en las mujeres que en los hombres, porque a ellas las diagnostican más tarde ya que los síntomas que tienen no siempre coinciden con los que se asocian tradicionalmente al infarto en hombres: un dolor fuerte en el pecho que se extiende hacia el brazo.

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¿El dolor no queda concentrado en el brazo, sino que es más vago?

Sí. Es un malestar con picos de dolor en zonas diferentes. Hasta hace poco se creía que las hormonas femeninas protegían a la mujer de tener enfermedades cardiovasculares y ahora se ha visto que eso no es cierto. En el caso de los hombres, el dolor se localiza en el pecho; pero cuando la mujer tiene una angina de pecho, el dolor puede ser de menos intensidad y localizarse en el cuello, estómago o mandíbula. Como estos síntomas no se consideraban peligrosos, hay un 10% más de muertes en mujeres que en hombres por esta patología. Evidentemente, las personas fumadoras y con exceso de peso tienen más números de acabar con una complicación cardiovascular.

Claro…

Otra enfermedad que se consideraba masculina y que después se ha visto que no lo era es la enfermedad pulmonar obstructora. Hoy la incidencia es similar en hombres y en mujeres, porque desgraciadamente el tabaquismo está muy tendido en ambos sexos. Y eso también pasa con las enfermedades renales, que no hacen diferencias de género; sin embargo, aún hoy se trasplantan más riñones a hombres que a mujeres. La cirrosis biliar primaria, por ejemplo, afecta sobre todo a mujeres, y el cáncer de colon hace diferencias de sexo: las mujeres lo tienen más tarde y en áreas diferentes del colon, además de que responden mejor a la quimioterapia que los hombres.

¿Qué más se ha evidenciado?

Que no necesitamos la misma dosis de medicamento que los hombres. Investigadores noruegos han demostrado que las mujeres metabolizamos los fármacos de forma diferente. Nuestro cuerpo tiene más grasa y nuestro hígado tiene diferencias enzimáticas en relación con el hígado masculino que hacen que necesitemos menos medicamento. Si tomamos la misma cantidad que un hombre vamos sobremedicadas. Como la presencia de la mujer en los estudios médicos aún es pequeña, no disponemos de suficiente información.

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Aún hoy se interpreta la medicina desde una óptica masculina…

Históricamente el conocimiento ha estado en manos de los hombres y la visión de los problemas de la mujer se ha simplificado, hasta el punto que se hace una lectura banal. Aún hoy la ciencia médica es androcéntrica, pero desde hace más de quince años se hacen esfuerzos por hacer artículos de investigación que diferencien a mujeres y hombres; actualmente la ciencia básica hace investigación diferencial basada en el diferente funcionamiento de las células y el cerebro.

¿Dónde habría que poner el foco?

Las enfermedades que hay que investigar más a fondo son la osteoporosis, relacionada con sedentarismo, deficiencias nutricionales o tabaquismo; las alteraciones de tiroides, que se traducen en cansancio, dolor muscular, pérdidas de memoria y tendencia a la depresión. Algunos estudiosos en medicina de género han denunciado que detrás de un diagnóstico de fibromialgia, depresión o ansiedad puede haber una hipofunción de tiroides no diagnosticada, que tiende a confundirse con problemas psicológicos. Y hay que tener mucho en cuenta las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el síndrome de Sjögren, relacionadas con los niveles de estrógenos del cuerpo, así como las enfermedades derivadas de los problemas ambientales: la exposición a químicos y a tóxicos ambientales afecta a más las mujeres que los hombres, porque tenemos un metabolismo diferente y acumulamos un 15% más de grasa en el cuerpo. La sensibilidad química múltiple afecta a muchas mujeres y la fibromialgia –un saco donde se han puesto todo tipo de enfermedades relacionadas con el dolor muscular y articular– puede encubrir una deficiencia de vitamina D, artritis temporal, problemas de tiroides o miopatías endocrinas…

¿Qué pasa con las enfermedades coronarias diagnosticadas en las mujeres?

Que muchas enfermedades del corazón de las mujeres son menospreciadas o simplemente atribuidas a nervios o angustia. Que llegan más tarde al hospital si tienen infarto, y que la mortalidad posinfarto es de un 66% en las mujeres respecto al 33% en los hombres.

“Muchas enfermedades cardiovasculares de las mujeres son menospreciadas o simplemente atribuidas a nervios o angustia”

¡Vaya!

A partir de la menopausia, las mujeres son tan vulnerables como los hombres a las enfermedades cardiovasculares; aunque los problemas de arteriosclerosis se localizan más entorno al cerebro, y por eso tienen más infartos cerebrales.

Usted habla, también, de una serie de enfermedades que la medicina invisibiliza (fibromialgia, fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, tiroiditis autoinmune…). ¿Qué podemos hacer para visibilizarlas?

Trabajar para investigar las causas, la diagnosis y el tratamiento. Y también escuchar las demandas de las personas y de las asociaciones de afectadas y afectados.

Usted está en contra de la administración de la vacuna del papiloma (VPH). ¿Por qué?

Estoy solo en contra de que se diga que puede prevenir el cáncer de cérvix, porque solo es eficaz con dos cepas cancerígenas del virus –16 y 18– y aún quedan trece más. Por el momento solo podemos garantizar prevención del cáncer de cérvix haciendo citologías. Además, los efectos secundarios de la vacuna son muy graves, porque produce muchas alteraciones inmunológicas y genera enfermedades autoinmunitarias. Tiene el doble de contraindicaciones que todas las otras vacunas juntas. Y si los efectos son nocivos y solo protege contra dos cepas, no compensa.

¿Qué enfermedades autoinmunológicas produce?

Las más graves han sido la encefalitis, que son inflamaciones de una parte del cerebro y que pueden desembocar en epilepsia o generar el síndrome de Guillain-Barré, que paraliza todo el cuerpo. La vacuna contra el virus del papiloma ha generado más efectos secundarios que el resto de vacunas, y en Colombia se administró masivamente a una población de la cual se desconocía la inmunología. El resultado fueron muchos casos de encefalitis. El virus del papiloma, normalmente, es destruido por el cuerpo si hay una buena inmunidad, una buena nutrición y si está bien dotado de minerales y vitaminas. El cuerpo genera unas defensas para eliminar este virus, que es de piel y que, por lo tanto, no genera anticuerpos. Las contraindicaciones de la vacuna han hecho que Francia no la quiera recomendar –ya que contiene mucho más aluminio que otras vacunas– ni tampoco Japón. Cuando hablamos de vacunas y medicamentos, siempre hay que mirar los pros y contras. El coste y el beneficio que implica cada cosa. Y los beneficios de esta vacuna son pocos, porque no sabemos si se evitará un solo caso de cáncer de cérvix en el año 2028 y, en cambio, mientras tanto, habremos causado muchas lesiones. Hoy, las citologías son, por el momento, la única forma de prevenir el cáncer de cérvix.

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Hablemos un poco de alimentación y salud.

Que necesitamos tener una buena nutrición para evitar enfermedades es de sentido común. Y lo que se ha descubierto es que la fruta parece que es un alimento esencial a la hora de hacer prevención del riesgo de mortalidad. La fruta se encuentra en el tercer rango de hábitos que se deberían adquirir para retrasar la mortalidad, ya que son una fuente importante de vitamina C y de vitaminas antioxidantes. ¿Qué más se deberá hacer? Deporte suave cada día, una dieta baja en grasas y evitar los tóxicos de todo tipo.

La fruta tiene, pues, muchas propiedades interesantes. La verdura, también, ¿no?

Los vegetales frescos también, pero la verdura, como muchas veces la consumimos hervida, pierde muchas vitaminas. En cambio, la fruta tiene más riqueza vitamínica, y eso ha hecho que, cuando se han recopilado estudios de todo el mundo sobre cuáles eran los factores que hacían prevención de enfermedad y mortalidad en el mundo, la fruta apareciese en una posición privilegiada.

“La fruta se encuentra en el tercer rango de hábitos que se deberían adquirir para retrasar la mortalidad”

¿De qué estudio hablamos?

Es el estudio sobre prevención de mortalidad y morbilidad publicado en The New England Journal of Medicine de 2014. Evidentemente hay una causa global en el mundo de mortalidad precoz: la hipertensión. Por lo tanto, si vigilas la presión arterial ya mejoras y alejas la mortalidad. Lo que quiere hacer la medicina es prevenir riesgos cardiovasculares para dilatar la edad de la muerte. Pues bien, después de vigilar la presión de las arterias, lo segundo que podemos hacer es comer fruta.

Y, en cambio, vigilar el colesterol es la última de las diez cosas que habría que hacer. Hoy, como estamos obsesionados con el colesterol de una forma no claramente científica –influidos por la publicidad de marcas comerciales– nos hemos olvidado del resto. Ahora salen famosos en la tele que dicen que el colesterol debe estar siempre por debajo de 200, cuando en realidad no debe ser superior a 250; a 200 no es necesariamente peligroso. Un estudio hecho en Noruega siguió a un grupo de personas con unas determinadas cifras de colesterol durante veinte años y miraron la mortalidad. El resultado era que tenían un índice de mortalidad más alto tanto los que estaban muy por debajo de 200 como los que estaban muy por encima de 250.

Por lo tanto, comer más vegetales crudos y fruta cruda es muy positivo. Sobre todo la fruta, porque se absorbe mejor. Aunque a veces, según la persona, los intestinos no digieren tan fácilmente la fruta como los vegetales crudos. La fruta es muy buena, salvo que no se pueda comer por intolerancia a la fructosa o por alergia.

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¿Qué pasa con la medicina preventiva?

La medicina preventiva tiene aún mucho por desarrollar, ya que a veces se traduce en formas de medicalización. Para prevenir una posible enfermedad vascular, hemos acabado tratando el colesterol con estatinas en lugar de cambiar los hábitos de alimentación y ejercicio.

 

Fotografías: Sergi Garnica

 

Laura Basagaña

Laura Basagaña
Periodista
lbasaganya@soycomocomo.es

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