El invitado

25 de febrero 2015

"Si tienes una enfermedad degenerativa, deja de comer procesados, cereales y legumbres"

Dr. Antonio Marcos, especialista en el tratamiento de enfermedades degenerativas a través de la dieta genética

Entrevisto al doctor Antonio Marcos, referente en la aplicación de la dieta genética en el tratamiento de enfermedades degenerativas (cáncer, fibromialgia, autoinmunes…). Según él, este tipo de dieta es la única a la que nuestros genes están adaptados y, por lo tanto, la única que permite prevenir y tratar estas enfermedades. Veamos de qué se trata.

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¿Nos puede comentar brevemente su dilatada trayectoria profesional en el campo de la naturopatía y la dieta genética?

Tengo formación universitaria en Ciencias de la Salud y estoy especializado en medicina y nutrición natural. Presido el Instituto Portugués de Naturología. Tenemos clínicas en las principales ciudades portuguesas en las que aplicamos estas terapias y la dieta genética desde hace más de quince años. Llevamos tratadas a varias decenas de millares de personas. Hemos curado todo tipo de enfermedades degenerativas: cánceres, fibromialgia, diabetes, artritis reumatoide y muchas otras autoinmunes.

También soy profesor de universidad desde hace más de treinta años. Me he dedicado a investigar en el ámbito de las medicinas naturales, la medicina ortomolecular y, más recientemente, la nutrigenómica. Desde el Instituto Portugués de Naturología hemos conseguido que los conocimientos de medicina tradicional china, la osteopatía, la naturopatía, entre otras, sean reconocidos como formación universitaria en Portugal.

¿Qué tipo de dieta es la que consigue curar las enfermedades degenerativas?

Muchas veces, cuando los pacientes vienen a nuestras clínicas es porque antes han ido a todos los posibles sitios oficiales y no oficiales, incluso a Fátima a pedírselo a la virgen. Nos llegan los casos más difíciles, muchas veces terminales. Entonces les impongo limitaciones muy serias y estrictas en la dieta, sobre todo en los casos de cáncer y autoinmunes. Desde mi experiencia, puedo decir que sólo con este tipo de alimentación las personas avanzan y superan la enfermedad. Se trata de una dieta que funciona desde la base porqué está en sintonía con la capacidad reparadora de nuestros genes.

“Sólo con este tipo de alimentación las personas avanzan y superan las enfermedades degenerativas”

¿Se trata de una dieta para un tiempo? ¿Mientras estás enfermo?

La dieta genética, o cómo a mí me gusta llamarla “la forma de alimentación humana”, no es una dieta temporal, sino que es una pauta para toda la vida. Está en sintonía con lo que nuestros genes conocen. Incluye los alimentos sobre los que sí tenemos la información genética necesaria para transformarlos en nutrientes y no generar más tóxicos.

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¿Cómo lo hacemos para comer así?

La pregunta que nos hemos de hacer antes de comer cualquier alimento es si se trata de un producto totalmente natural o no. Si basamos nuestra alimentación en lo que hemos comido durante buena parte de la historia de la humanidad, en la cual hemos sido cazadores-recolectores durante el 96% del tiempo, no tendremos problemas. Estamos hablando de comer alimentos no procesados: raíces, tubérculos, verduras de hoja, frutas del bosque, frutas poco manipuladas, carnes de pasto, pescados pequeños y frutos secos, todo con moderación y a poder ser el máximo de crudo (carpaccios, steak-tartars, sashimis). El cuerpo sabe reconocer estos alimentos y por tanto sabe cómo utilizarlos. Hoy en día es difícil tener acceso a comida tal y cómo era cuando no existía la agricultura, pero si como mínimo seguimos esta pauta no enfermaremos. Estoy convencido que con este tipo de alimentación podríamos mantener a la gente sana y salvar la vida de muchas personas.

“Con este tipo de alimentación podríamos mantener a la gente sana y salvar la vida de muchas personas”

Pero... ¿y las recomendaciones oficiales? ¿Y la base de la pirámide alimentaria, en la que encontramos los cereales, el pan, la pasta?

No es una buena base. No tiene base científica firme. Tienes que pensar que los cereales y las legumbres son muy recientes en la historia de la humanidad y sólo hace 10.000 años que, con el nacimiento de la agricultura en el próximo oriente, se empezó a cultivar y consumir en cantidades masivas.

Aquí, en Europa aún hace menos tiempo, sólo unos 5.000 años, que basamos la alimentación en estos alimentos. Nuestros genes no han tenido tiempo de adaptarse con tan poco tiempo. Y para terminar de rematarlo está la revolución tóxica que suponen todos los productos procesados, como los aceites y harinas refinados, el azúcar, las grasas trans… Es una aberración que nos intoxica por momentos.

Pero todos los alimentos derivados de harinas son alimentos que nos apetecen mucho...

“La pizza, las galletas, los cereales de desayuno, la pasta, el pan… nos generan dependencia y sensaciones de placer equivalentes a la drogoadición”

Si, el gran problema es que la pizza, las galletas, los cereales de desayuno, la pasta, el pan… son muy adictivos porque contienen substancias (polipeptidos) que pueden dar lugar a gluteomorfinas. Éstas consiguen traspasar la barrera hematoencefálica y, una vez en el cerebro, se unen a los receptores de la morfina, los mismos a los que se unen las drogas opiáceas. Son verdaderas exorfinas que nos hacen sentir mucho placer después de comerlos. Es difícil superar esta drogadicción tan fuerte.

Si la persona no tiene una determinación firme, no podrá dejar nunca estos alimentos tan adictivos y a la vez tan destructivos. Es equivalente a dejar de fumar o cualquier otra droga .

Pero, ¡si el pan es el alimento básico de la cultura mediterránea!

En sus campañas contra los bárbaros, Julio Cesar, después de sucesivas derrotas, acusó a sus soldados de ser débiles. La razón era que, por su alimentación a base de trigo, no tenían la fuerza de los pueblos germánicos que se alimentaban a base de carne y verduras. Los trigos antiguos (los de la época romana) tenían 14 pares de cromosomas pero en los últimos cien años hemos seleccionado y transformado tanto las semillas que, hoy en día, los trigos modernos tienen 42.

El trigo se ha convertido así en uno de los alimentos más alterados genéticamente. Son cambios demasiado recientes para los que no estamos preparados. El trigo actual son especies seleccionadas por intereses puramente productivos y para adaptarlas a un modelo basado en herbicidas, pesticidas… En sí un coctel tóxico muy peligroso.

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¿Y los cereales de cultivo ecológico? ¿Y las variedades antiguas de cereales?

Es verdad que las variedades más antiguas de cereales no son lo mismo, porque genéticamente su estructura proteica es más simple y están más libres de agrotóxicos. Pero en caso de enfermedad degenerativa ¡para mí no son una opción! Y especialmente, tendría mucha precaución con los cuatro cereales que contienen gluten: trigo, cebada, centeno y también la avena por contaminación cruzada. El gluten tiene un efecto perverso sobre nuestros genes y si ya estamos enfermos y seguimos comiendo cereales, lo que hacemos es añadir más leña al fuego.

Pero algo bueno tendrán los cereales ¿no?

Lo que pasa con los cereales es que, primero, sólo hace un 4% del tiempo de la historia humana más reciente que los estamos consumiendo. No estamos genéticamente adaptados. Y segundo, que se tienen que cocinar para que sean mínimamente digestivos. Y cuando los cocinamos la mayor parte de las vitaminas se pierden; quedan estructuras proteicas (como por ejemplo el gluten con los problemas que este conlleva) y también sustancias (como los fitatos y oxalatos) que tienen efecto antinutriente, y evitan que podamos asimilar bien otros nutrientes, como los minerales, presentes en la misma comida.

Todos los cereales (incluidos los que no llevan gluten) elevan los niveles de azúcar en sangre y alteran la hormona más potente del organismo, la insulina. Además, las legumbres contienen también sustancias irritantes para el intestino (lectinas) y substancias antinutrientes (inhibidores de enzimas digestivos). Sirven para matar el hambre, pero no son buenos alimentos para nadie. Además, como se cocinan a altas temperaturas y durante un largo tiempo, pierden todos sus micronutrientes.

Pero ¡los cereales han sido el alimento de reserva durante épocas duras!

Si me encontrara en una situación límite en la que no tengo nada más para comer y he de sobrevivir, comería cereales y ¡daría gracias a Dios! Pero si puedo comer otros alimentos, mejor prescindir de ellos. Como mínimo que no sean la base de la alimentación, porque sus efectos negativos sobrepasan en mucho los positivos.

“Si me encontrara en una situación límite en la que no tengo nada más para comer y he de sobrevivir, comería cereales. Pero si puedo comer otros alimentos, mejor prescindir de ellos”

Además, el cereal también es la base de muchos piensos de cría de los animales que nos comemos, ¿verdad?

Cierto, hoy en día alimentamos de la forma más perversa y nociva a los animales de cría intensiva. Por ejemplo a los bovinos, les damos cereales cuando de forma natural no los comerían nunca; se dedicarían a pastar hierba. Éste es el caso de las terneras, a las que los cereales les altera toda la microbiota intestinal, y da lugar a bacterias peligrosas como la famosa E. coli asesina (la enterohemorrágica O157:H7), que solo se puede evitar si se cuece la carne a fondo.

Esta cocción comporta otros problemas porque la carne demasiado cocinada sufre una desestructuración de las proteínas (cadenas de aminoácidos) y una oxidación de las grasas que la convierte en altamente inflamatoria para nuestro organismo.

El sistema de alimentación genética que usted defiende, en el que la proteína animal está presente cada día, ¿es sostenible a largo plazo para el planeta?

Bueno, primero puntualizaría que cada uno de nosotros tiene diferentes necesidades alimenticias. Así, unos podrán vivir muy bien con grandes cantidades de verduras, raíces, tubérculos, frutos del bosque y un poco de proteína animal, y otros van a necesitar dosis más elevadas de proteína animal (carne, pescado, huevos) para sentirse bien. Hay autores entendidos en la materia que apuntan que una gestión eficiente de los rebaños de pasto daría suficiente comida para todos los humanos del planeta. Eso sí, siempre y cuando se consumiesen pequeñas cantidades, y si la carne, en lugar de cocinada, nos la comiéramos cruda y aprovecháramos las vísceras. El hígado es un gran alimento pero sólo si proviene de pasto ecológico. Y son más nutritivos cien gramos de una carne vital cruda que medio quilo de un producto intoxicado y que ha sido quemado a la barbacoa o al horno; además de que este tipo de cocción es cancerígeno.

El problema aparece porque comemos animales de cría intensiva; el modelo de explotación que hemos creado es insalubre: alimentados cereales, encerrados todo el día, sin poder hacer ejercicio, sin poder pastar. Los vuelve animales enfermos que dan carne enferma.

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¿Cree que comemos demasiado y mal, entonces?

Sí, otro gran problema es que comemos cantidades excesivas de calorías. La razón es que los alimentos procesados están vacíos de nutrientes pero llenos de azúcares, hidratos de carbono y grasas refinadas. Si comemos estos comestibles, el cuerpo nos continuará pidiendo los nutrientes que les faltan, nos lo dirá en forma de “tengo hambre”, pero con estos productos nunca estaremos saciados porque no nos nutren. Además, como llevamos vidas muy estresadas, acabamos agotando nuestras glándulas suprarrenales (las encargadas de liberar las hormonas de la activación o estrés) y, como nos faltará energía, adoptaremos actitudes compensatorias en forma de comer más, más alimentos ricos en azúcares, más estimulantes, etc. Entraremos en un círculo vicioso de desgaste y enfermedad.

Mi consejo para que las personas puedan estar al máximo de energía y de salud es muy sencillo: comer solamente alimentos vivos y frescos; alimentos como nos los da la madre naturaleza sin que tengamos que transformarlos de ninguna manera (con una sola excepción para los tubérculos) y evitar todos los alimentos procesados (industrializados), carentes de micronutrientes (vitaminas, minerales), y repletos de alérgenos e inhibidores de la absorción de nutrientes.

Y ¿por qué cree que al sistema le interesa que comamos así?

Comiendo alimentos más densos en nutrientes y mejor adaptados a nuestra genética – verduras, carne, pescados, grasas saludables– conseguimos un funcionamiento harmónico del cuerpo. Son alimentos que nos permiten estar delgados, tener músculos desarrollados y conseguir una sensación de saciedad y equilibrio que evita que dependamos del consumo abusivo de alimentos tóxicos y adictivos.

“El problema es que este tipo de alimentación no interesa al sistema, va en contra de los intereses de la industria alimentaria”

El problema es que este tipo de alimentación no interesa al sistema, va en contra de los intereses comerciales de vender más y más productos procesados de larga duración. Lo ideal para el sistema es mantenernos en un sistema de adicción, recompensa y enfermedad muy lucrativo para él.

Pero ¿por qué no lo solucionan los estamentos oficiales?

Como la dignidad de la persona humana dentro de este sistema está cada vez más destruida, nos convertimos en seres cada día menos pensantes. En esta situación, aceptamos lo que nos dice la industria alimentaria (la televisión básicamente), pero también las recomendaciones oficiales, que muchas veces están financiadas por esta misma industria.

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“Las recomendaciones oficiales están, muchas veces, financiadas por la misma industria”

El consumidor vive con la confianza que lo que come no es tan malo y que, cuando esté mal, habrá una pastilla mágica o una intervención quirúrgica milagrosa que le solucionará el problema de sobrepeso o la enfermedad degenerativa.

¿Esta dieta la puede hacer todo el mundo?

Esta dieta es una experiencia que todo el mundo tendría que probar como mínimo durante un mes: comer alimentos de verdad, alimentos frescos y no procesados; basarse en lo que yo llamo la teoría de los cinco dedos, uno para cada grupo de alimentos: carne, pescado, huevos, verduras, frutas y en la palma de la mano lo que quepa de frutos secos.

Es importante cocinar poco tiempo y a baja temperatura (plancha, vapor, escaldado suave y corto). Y siempre que se tolere, comer al máximo alimentos crudos.  Y si nos funciona, no hace falta cambiar de dieta; al contrario, si queremos mantener una buena salud, es mejor que sea una dieta de por vida.

Estoy convencido que esta forma de alimentarnos con consciencia nos llevará a exigir otro comportamiento de las autoridades en lo que respecta a nuestros alimentos. Queremos alimentos vivos y sanos, creados con respeto.

¿Y los que sufrimos enfermedades autoinmunes también podemos comer frutos secos, huevos y semillas?

En algunos casos de sensibilidad, que se dan sobretodo en personas que sufren de autoinmunidad, sería necesario evitar también huevos y frutos secos. Sobre todo cuando estos provocan problemas digestivos (gases, prurito anal…)

¿Qué cree usted que causa las enfermedades autoinmunes?

En las enfermedades autoinmunes, el sistema de defensas del cuerpo está tan estresado y alterado que ya no distingue lo que es propio de lo que es una amenaza externa y se autodestruye. Uno de los grandes causantes de esta reacción es el trigo.

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“Uno de los grandes causantes de la reacción autoinmune es el trigo”

Las distintas substancias presentes en el trigo son un buen ejemplo para explicar qué pasa en estas enfermedades. Cuando ingerimos cualquier producto en boca, el cuerpo ya está procesando la información para el sistema inmunitario sobre lo que comemos. Cuando el producto elaborado con trigo llega al intestino delgado, algunas de las sustancias que contiene (sobre todo la aglutinina) tiene un efecto parecido al de un arañazo. Entonces, el sistema inmune (nuestras defensas) identifica esta substancia como un agresor y genera una inflamación local (en el intestino) que altera todo el cuerpo. Además, el trigo contiene un tipo de sustancias, las lectinas, que tienen una estructura molecular parecida a la de determinados patógenos (virosis), y el cuerpo cree que está siendo atacado y reacciona.

El problema es que generamos esta exposición y respuesta diariamente, cada vez que comemos pan o pasta o galletas… El organismo estará en un estrés crónico y en alerta máxima constante. Entonces, pasa lo mismo que con los soldados en el campo de batalla cuando están agotados: disparan contra todo el mundo porque ya no son capaces de distinguir nada. Y el fuego amigo mata igual que el enemigo.

Y ¿qué porcentaje de sus enfermos con autoinmunes mejora con la dieta genética?

“Del total de pacientes que está dispuesto a hacer un corte radical en su dieta y a hacerlo de por vida, más del 80% consigue curarse.”

Del total de pacientes que vienen a nuestras clínicas, un 50% está dispuesto a hacer un corte radical en su dieta y a hacerlo de por vida. De éste, más del 80% consigue curarse. Por eso yo siempre soy muy estricto en las primeras visitas; si la persona me dice que no quiere o que no puede cambiar la dieta, le digo que ya se puede ir. En las autoinmunes es clave eliminar la exposición a los alimentos que generan esta respuesta alterada. Estamos hablando principalmente de trigo, pero también de otros cereales con y sin gluten, las legumbres, los procesados, los aditivos, etc. Los cereales son devastadores para el metabolismo.

Al mismo tiempo que la dieta, hace falta dar al paciente pautas y tratamientos naturales que favorezcan la desintoxicación, la regulación hormonal, la recuperación de la microbiota intestinal y los procesos antiinflamatorios.

¿Las legumbres tampoco? ¿Cómo lo harán los vegetarianos?

Cuando sufres una autoinmune tienes que ir con mucho cuidado y retirar los estimulantes inmunitarios (como algunos preparados de hierbas, extractos, etc.) pero también todos los alimentos con antinutrientes como las legumbres, que tienen lectinas, que, en parte, son eliminadas por la cocción, pero con ésta también se alteran los nutrientes y más si se cocinan en olla a presión. La presión provoca que se desestructuren las proteínas y los hidratos de carbono y a la larga también puede ser nocivo para el organismo (aumento del riesgo de cáncer).

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Las legumbres sólo se pueden comer germinadas y en pocas cantidades, insuficientes para cubrir las necesidades de proteína necesarias para estar sano cuando tienes una autoinmune.

“Todas las sociedades ancestrales comen alguna fuente de proteína y de grasa animal. No hace falta que sea una tonelada de carne, puede ser pescado pequeño; y no hace falta que sea cada día, pero estamos diseñados para comer animales.”

En todas las sociedades ancestrales estudiadas ya desde los inicios del siglo XX siempre se comía alguna fuente de proteína (aunque fuesen insectos) y de grasa animal. No hace falta que sea una tonelada de carne, puede ser pescado pequeño; y no hace falta que sea cada día, pero estamos diseñados para comer animales sanos.

¿Y los lácteos?

En autoinmunes se tiene que ser estricto y no comer lo que nos agrede el intestino y nos inhibe la absorción de nutrientes. Y éstos son tres: cereales, legumbres y lácteos. El proceso de homogenización al que se somete la leche hace que las partículas de grasa puedan atravesar la barrera intestinal y generar más inflamación. Con la pasteurización se desnaturaliza la leche. Por no hablar de los problemas asociados con una de las proteínas de la leche, la caseína, y otro de los azucares de la leche, la galactosa, que justo ahora se empieza a nombrar.

En sí, los lácteos son alimentos de riesgo cuando hay patología por su reactividad con el sistema inmune.

¿Y qué suplementación puede ayudar a los pacientes de autoinmunes?

El 90% de mis pacientes tiene niveles bajos o déficit de vitamina D (25-hidroxicolecalciferol). Esta vitamina, que tiene efectos hormonales, es muy importante porque interviene en la expresión de más de 1.000 genes. El nivel oficial ideal de vitamina D en adultos en sangre es de unos 50 ng/mL, pero tengo comprobado que, en los pacientes con enfermedades degenerativas, está en el mínimo o por debajo de él y lo tengo que elevar hasta un mínimo de 80 ng/mL de forma rápida y eficaz. Esto solo lo consigo con preparados de elevada concentración, muy por encima de las recomendaciones oficiales. Piensa que con 2.000 UI de vitamina D los médicos convencionales ya se asustan, pero con esto no haces nada al adulto medio; necesitas concentraciones mucho más elevadas: 10.000 UI, 20.000 UI o lo que sea necesario para llegar al nivel que el paciente mejore.

Por último, ¿si pudiese prohibir un alimento cual sería?

Las galletas, todas, de cualquier tipo, forma o gusto. Son el enemigo público número uno. El problema no es solo el azúcar, sino que contienen trigo, que, con su aglutinina imita la insulina del organismo y aumenta aún más la resistencia a ésta (estimulando la aparición de diabetes). Además, existe el problema añadido de las grasas transformadas e hidrogenadas. Toda esta mezcla se hornea a gran temperatura, que altera aún más sus estructuras moleculares y destruye todos los micronutrientes. ¡Si quieres un tóxico mayor, no sé cómo podría hacerse!

Fotos: Sergi Garnica

Montse Reus
Dietista y Ambientóloga

Montse Reus

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